Criticas y Opiniones


MAGGIE ATIENZA LARSSON "A LA VIDA POR LA MUERTE"

Por Jorge Glusberg

Platón señalaba ya que la filosofía es - o debe ser - una meditación sobre la muerte. Tres siglos más tarde, el romano Cicerón aseveraba que toda filosofía es una commentatio mortis. Y dos mil años después, Santayana aducía que la evidencia máxima sobre el valor de una filosofía es su respuesta a la pregunta acerca de la muerte.

Sin embargo, los filósofos se han volcado más a pensar sobre la vida que sobre la muerte, y aún crearon, de Nietzsche en adelante, lo que habitualmente denominamos "filosofía de la vida". La exposición que ahora presenta Maggie Atienza Larsson supone una reflexión acerca de la muerte, pero en verdad la artista se ocupa de la vida, y no sólo por la contraposición obvia entre ésta y la muerte sino también porque sus elucidaciones arrancan desde la vida.

Hace diecisiete años, un accidente puso a Maggie Atienza Larsson al borde de la tumba. Esta muestra en el Espacio Giesso rescata aquel momento de 1976, cuyas huellas quedaron en el cuerpo (físico) de Atienza, quien hoy las trae a la memoria de ese otro cuerpo (metafísico) que es el arte. Dos citas presiden, por así decirlo, las obras que constituyen esta exhibición. Una es pictórica: el Cristo en el sepulcro (1521) del errante Hans Holbein; la otra, literaria, se debe a Goethe, quien vivió, como sabemos, 82 años y medio: "La idea de muerte me deja perfectamente tranquilo, porque tengo la firme convicción de que nuestro espíritu es un ser de naturaleza indestructible. Funciona desde la eternidad hacia la eternidad, es como el sol, que, aunque parece apagarse ante nuestros ojos mortales, en realidad no se apaga sino brilla perpetuamente."

En el cristianismo y en la declaración de Goethe aparece un asunto común: la inmortalidad por sobrevivencia del alma. También fue Platón uno de los primeros en conjeturar la inmortalidad del alma, pero mientras él concebía el alma por semejanza con la idea, el cristianismo la re-inventó bajo la forma de la persona humana.

Precisamente estas referencias a la inmortalidad (el Cristo de Holbein, la sentencia de Goethe) hablan de la vida, al menos de la vida antes de la muerte, que es una versión efímera y conocida de la inmortalidad. Para la otra inmortalidad, perdurable e ignorada , para la vida posterior a la muerte, están sin duda, las referencias mencionadas. No es que Atienza deseche el caso de la existencia eterna; de lo contrario, hubiese omitido las citas. Lo que sucede es que alude a su experiencia y a su circunstancia: la recuperación de la inmortalidad fugaz tras su accidente en 1976.

Así lo patentizan las obras de esta muestra, una verdadera instalación de instalaciones. Son imágenes poderosamente dramáticas, modalidad acentuada por su economía de medios. Vemos entonces a Maggie yacente sobre una camilla ( en una foto), en una de las fases de su curación; pero los objetos que la rodean son auténticos. Otra obra parte también de una foto, la cicatriz que una de las operaciones dejó en su espalda: de allí cae sobre el suelo una tira de gasa embebida en merteolate rojo.

La muerte, sin embargo, avanza. Su presencia se intuye en la repisa de madera cubierta de enduído y patinada con polvo de oro y plata del abuelo de la artista, donde arden dos velas de noche, a los costados de un recipiente con óleo sagrado para administrar el sacramento de la extremaunción, que se imparte a los enfermos en peligro mortal o agonizantes y cuya primera referencia se encuentra en la Epístola de Santiago. En una repisa similar están la reproducción del óleo de Holbein y un manojo de cartas recibidas por Atienza durante su internación hospitalaria.

Por último, un enorme panel erigido con fotos de nichos: son diecinueve, pero en el espacio del vigésimo, retirado del panel, aparece la frase de Goethe grabada sobre una placa de cemento que tiene las mismas dimensiones de las puertas de los sepulcros. El nicho abierto cierra la parábola fúnebre con el pensamiento goetheano. Y no puede sino recordarse, entonces, que el gran poeta alemán murió-o, quizás, pudo morir- sólo después de terminar la Segunda Parte de Fausto, un canto a la vida terrena y ultraterrena, su más grande obra, donde quedó alojado ese "ser de naturaleza indestructible" que era su espíritu.

Maggie Atienza Larsson es, en tal sentido, faústica: su muestra en el Espacio Giesso no remite sino a la muerte, pero lo hace desde la vida. Acicateada, tal vez, por los versos de otro poeta, el brasileño Drummond de Andrade: "Llega un tiempo en el que nada se gana con morir./ Llega un tiempo en que la vida es una orden./ La vida, apenas, sin mistificación".


Mayo 1993
(Prologo Exposición en Espacio Giesso).


LA ESTÉTICA DE LOS RECUERDOS:

Por Judith Robles Urquizade la Redacción de El Cronista.

Los cuadros que la artista Maggie Atienza expone hasta el 1 de junio en la Galería Mosto & Rojas trasmiten esa rara simbiosis entre arte y experiencia familiar. Atienza utiliza en sus técnicas mixtas todo objeto cuyo destino es, en realidad, el de la basura más que su reciclaje artístico. Así, estos pequeños formatos realizados en base a fragmentos de maderas, encajes, cintas, estampillas, sobres, lijas, fotografías o pedazos de antiquísimas sombrillas conforman el nudo estético de la obra.

El desván de los recuerdos familiares es la usina con la que trabaja Atienza. Sin embargo, la calle también es un lugar de encuentro de materia prima. "Creo que mientras muchas personas están sumergidas en la época de lo descartable? a mí me entusiasma cobijar y rescatar de la memoria esos objetos abandonados, olvidados, menospreciados?", explica la artista en el catálogo de la muestra.

Tanto Conversión belicosa o El abc de la codicia como en Desorden del génesis o Violencia sublime, por nombrar solo algunos de los trabajos, ponen al descubierto los temas que inquietan a Atienza. El agua, la violencia, la religión, la grafología, la psicología y la antropología movilizan su espíritu estético cuya raigambre familiar es el denominador común.

En todos los cuadros se advierte una intención oculta. Hay pensamientos laterales que fluyen como un meta-mensaje y que constituyen la esencia de cada formato. "Muchos años de tratamiento psicoanalítico -dice la artista- me sirvieron para desentrañar mi pasado para volcarlo en algo estético. Cuando todo el mundo tira aquellos objetos que recuerdan sus orígenes o los descarta porque están viejos, yo los uso para darles vida. Precisamente me interesa buscarles su utilidad y este procedimiento no implica que quiera desembarazarme de ellos. Todo lo contrario. Que el espectador se sienta identificado con mis recuerdos no significa una intención egoísta sino la posibilidad de compartir ese pasado que nos es común a todos".

Los cuadros en exposición fueron realizados entre 1992 y 1993. Son, según Atienza, descartes de pinturas cuyos bocetos estaban destinados para otras muestras. "Pero, a diferencia de las obras que bajo presión infinita deben ser presentados para exponer, estos cuadros están trabajados con total desinhibición".


Mayo 1994.


MAGGIE ATIENZA LARSSON  

Por Mercedes Casanegra

"A lo largo de los años ?90 Maggie Atienza ha centrado su obra en elaboraciones estético-vivenciales de sus propios procesos vitales. Sus trabajos del período ?99-?00 consisten en dos series de cajas-objeto que vuelven sobre el tema de la autorreferencialidad. Las primeras, cronológicamente anteriores, llevan sólo títulos particulares; en cambio, al conjunto de la segunda serie lo ha denominado "Almarios". Su actitud conceptual ha sido de reconcentración personal sobre sí misma, tal como si hubiese emprendido un viaje hacia su ser íntimo. Cada obra es una estación de ese tránsito, registro de una actividad interior, privada. Las de la primera serie son cajas encontradas, cuyo origen rústico no se esconde. Esto da idea de materia prima básica sobre la cual habría una labor a ser realizada. Ellas serían la manifestación de una realidad primigenia, referencias a circunstancias de la propia vida de la artista. Los espejos donde puede mirarse a sí misma; las tapas enrrejadas, que aluden a confesionarios de iglesias, refuerzan la idea de diálogo con su intimidad.La leyenda de Sansón y Dalila como símbolo de la posesión de una determinada fuerza vital, o la negación de ella en su persona.La inclusión de cabello verdadero remite a su propia alopecia relacionada con la pérdida energética que la ha provocado.


En los "Almarios", serie formalmente uniforme, las cajas son de color y éste varía de una a otra. La particularidad del conjunto está dada por las pequeñas puertas que abren y cierran cada una. En ellas transparecen- a través de un procedimiento cuasi-fotográfico- imágenes que establecen un juego con la parte interior. Interior, paralelo de alma en los seres humanos. Imágenes de sueño y realidad en la complejidad que ésta encierra.


En estas series, dos caras de un mismo desarrollo, MA profundiza un ejercicio vivencial a través del trabajo artístico. En una práctica de coraje existencial,que la caracteriza, deja ver a los espectadores cual es su manera de enfrentar la vida. Esto coincide con la vigencia en la actualidad de nuevos paradigmas: la manifestación abierta de la subjetividad. Pero, por otra parte, hay rasgos de oposición frente a características de época. El más sobresaliente/destacado es la aceptación del sufrimiento como parte de la realidad. El presente y la sociedad globalizada destacan el hedonismo vacuo como componente infaltable del ser contemporáneo.


La variedad de colores de los "Almarios", a la vez tornasolados, se ofrecen como el fenómeno siempre sorprendente del arco iris. En la tradición cristiana al arco iris se lo ha considerado como el signo de un nuevo comienzo de la vida(1).  MA, en un gesto de reubicación ética, muestra la posibilidad de reconversión del dolor en energía vital.  Y, de modo paralelo, instala en el ámbito cultural del presente, carente y olvidado de ciertos códigos referenciales, la poetización de su propio desarrollo personal.

(1) Jean Chevalier/Alain Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, Ed.Herder, Barcelona, 1986, pág.137.


(Prólogo exposición en Centro Cultural Borges Marzo 2000)


EL ALMA DE ATIENZA

Por Albino Dieguez Videla

"Hace años que la producción de Maggie Atienza tiene un interés diversificado en direcciones que necesitan captar y unir disciplinas para su concreción. Pero nunca como hasta ahora esta artista nos ha convencido tan rotundamente, con esta serie de cajas que se asientan en la tradición surreal, con adiciones divertidas del "kitsch" y resueltamente dramáticas de tendencia expresivas. La resultante es excelente por el equilibrio de cada caja. Maggie Atienza las llama acertadamente "almarios", convertida en relicario de recuerdos, ansiedades, deseos y pesadillas."


La Prensa, domingo 12 de marzo de 2000 -fragmento-


SOBRE LA IMAGINERÍA ACTUAL DE MAGGIE ATIENZA LARSSON

Por Federico  Capurro

Desde el año 2001, Maggie ha vuelto a retomar, en cuanto su  expresión artística,  el arte de la fotografía.  Recuerdo aquellos paseos compartidos por  el delta, o bien  por el puerto de Olivos, nuestra  ciudad natal, por los años ochenta,  haciendo tomas de juncos, sumamente interesantes, que en ese entonces hasta procesaba con papeles de grado 5 -duros- logrando una síntesis de recursos y contrastes muy particulares.


En esta serie, dónde presenta  solo 2 calas, desde  recién cortadas, en un día radiante de sol,  hasta su paulatina  disecación,  en contextos lluviosos  o con una base color rojo, y fondos por lo general amplios y vacíos, remiten a todo proceso vital. Esas elecciones "pensadas", develan las sensaciones que la autora quiere transmitir.


La relación de la vida y la muerte son claras, aún cuando sigo viendo esas 2 calas secas sobre un mueble de su taller. Esa muerte, está en estado "stand by"?


Para continuar con mi asombro, está trabajando con sus muñecas, y las de su sobrina (barbies y Ken) dónde,  no sólo es capaz de involucrarse crudamente, como en esta serie,   deformado una barbie a su imagen y semejanza, como ella me dice desinhibidamente con su sarcasmo habitual, sino con el aporte de una carga erótica que hasta hoy desconocía en sus producciones artísticas. Asimismo, he podido ver  en proceso cinco series de índole similar, dónde me ha confiado querer profundizar y reflexionar sobre las múltiples y  variadas combinatorias de la sexualidad  y el erotismo.


Debo decirles que Maggie Atienza, con sus "algo más de 50 años" y una trayectoria  extensa,  nunca deja de sorprenderme y quedo perplejo, deseando poder ser partícipe de una próxima muestra o entrega de esta artista tan particular, por muchos críticos o gestores culturales aún "inclasificable".
Consejo: No hay que perderle el rastro. Vale!-


(Olivos - Barcelona, verano 06/07)

Maggie Atienza Larsson © - +54 11 4799-8374 - atienzamaggie@gmail.com - maggieati53@hotmail.com
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